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title: "Yo NO te creo &#8211; Acoso escolar y derechos humanos"
url: https://aepae.convoluntad.es/yo-no-te-creo-acoso-escolar-y-derechos-humanos
date: 2026-02-26
modified: 2026-09-08
author: "Blog AEPAE"
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categories: ["Noticia"]
type: post
lang: es
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# Yo NO te creo &#8211; Acoso escolar y derechos humanos

#### Los niños, las niñas y los adolescentes, no son personas. Son seres bobos, caprichosos e inmaduros. No son de fiar. Cuando dicen que les insultan, les pegan o les excluyen, están mintiendo. Son cosas de niños o de niñas. Da igual si les cambia el humor, les duele la tripa o se autolesionan por estrés y ansiedad -serán cosas de la edad-. Da lo mismo si llegan del colegio o instituto con un arañazo o un moratón -estarían jugando o haciendo el salvaje-. No tiene importancia si les desaparecen cosas continuamente: ropa, material escolar, dinero, el bocadillo o el teléfono móvil -se despistan demasiado-. Si de manera repentina disminuye su rendimiento escolar y suspenden o pierden el interés por los estudios, es que tienen muchas distracciones o malas compañías. Y si les excluyen, es que no se integran, son raros o adolecen de misantropía congénita. O sea, es su culpa.

![AEPAE artículo blog: Acoso escolar y adultocentrismo" fetchpriority="high" />

Sus padres, sus madres o las personas que ejerzan la patria potestad, se alarman al percibir que algo está ocurriendo. ¿Qué le ocurre a mi hijo que se encierra en su cuarto y llega cabizbajo del colegio? ¿Qué le ocurre a mi hija que está demacrada, ojerosa y con los nervios a flor de piel? Ocurre que ya tienen una profunda herida emocional y psicológica. Una herida que puede tener fatales consecuencias en el corto, medio y largo plazo.

En nuestra sociedad, se asume como un mantra incuestionable el “Yo si te creo” en materia de violencia de género. Pero sin embargo, cuando hablamos de acoso escolar, el “Yo no te creo”, es lo habitual. Suena duro pero es así y hay que denunciarlo. Hay que decirle a la sociedad que estamos, por omisión de ayuda, colaborando en el sufrimiento de muchos niños, niñas y adolescentes, cuyas familias se ven la mayoría de las veces, indefensas ante esta violencia institucionalizada

¿Cómo es posible, que la incidencia del acoso escolar, se cuantifique desde los organismos públicos como algo residual, no superior a 1% de la población escolar, mientras los últimos estudios de incidencia del acoso escolar realizados desde organismos extraoficiales -como ONG’s, fundaciones o asociaciones especializadas-, refleja que la incidencia oscila entre un 9% y un 33%? Haciendo una media de todos los estudios especializados, para evitar sesgos, estamos hablando de 1.500.000 de menores que sufren acoso escolar en España. Si han leído bien: un millón y medio de personas. Personas pequeñas, pero personas.

Hay acontecimientos, seres humanos o ambas cosas, que ejercen de catalizadores de cambios sociales. Hoy día podríamos percibir a Martin Luther King como una persona esencial y necesaria en la lucha contra el racismo en los Estados Unidos. O el asesinato de Ana Orantes en España, quemada viva por su marido tras aparecer en la televisión denunciando su maltrato por parte de este, que originó la modificación del código penal y la consideración de la violencia de género como un problema mayor, que necesitaba de una legislación específica, ratificada en la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

Pero con el acoso escolar no ocurre lo mismo. Se producen suicidios y sucesos dramáticos que no provocan un cambio de paradigma. Se sigue considerando al acoso escolar como un problema menor, circunscrito al ámbito educativo, cuando es un problema de derechos humanos. Estamos hablando de algo muy grave y peligroso: la normalización y rentabilidad de la violencia. Luego nos extrañamos de que un grupo de adolescentes le peguen una paliza a otro y le causen la muerte.

La diferencia sustancial viene reflejada en el afrontamiento del acoso escolar por parte de las instituciones. En el acoso escolar se minimiza e invisibiliza la denuncia. Los protocolos son lentos, burocráticos y confidenciales para las familias de las víctimas. No se abren casi nunca y solo bajo la insistencia hercúlea de la progenitora o del progenitor. El colegio es juez y parte del proceso y en muchas ocasiones omite pruebas documentales: cronologías de los hechos, partes de lesiones, informes periciales de psicología o psiquiatría, pantallazos y fotos de redes sociales. En la gran mayoría de los casos, la única solución que encuentran las víctimas es cambiarse de colegio. Y no solo eso: tienen que buscarse además, atención psicológica pagándola de su propio bolsillo, si la hay cerca y si pueden permitírselo.

Pero es que la naturaleza del acoso escolar tiene muchas veces tintes xenófobos, homófobos, de género o de no respeto a la diversidad funcional o cognitiva. El que ejerce maltrato escolar y le es rentable, lo seguirá ejerciendo en su vida de adulto: en la empresa o en su hogar hacia su cónyuge. A ver si nos enteramos de que de esos barros vienen estos lodos.
