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title: "Recuperar la infancia perdida"
description: "¿Has tenido un nudo en la garganta en algún momento de este último año? ¿Tal vez incluso en este último mes? Es muy probable que sí, pero si tomas un poco de consciencia, te darás cuenta de que en realidad no es en la garganta donde está el nudo."
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date: 2025-06-24
modified: 2026-09-08
author: "AEPAE_es"
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tags: ["acoso escolar", "adultos", "ansiedad", "autoestima", "ciberacoso escolar", "depresión", "experiencia", "Marta Outón Arteaga", "mente", "salud", "suicidio", "trauma", "víctimas", "vida"]
type: post
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# Recuperar la infancia perdida

### ¿Has tenido un nudo en la garganta en algún momento de este último año? ¿Tal vez incluso en este último mes? Es muy probable que sí, y que la experiencia de sentir la garganta constreñida -con la consiguiente sensación de falta de aire- te resulte familiar. Pero si tomas un poco de consciencia, te darás cuenta de que en realidad no es en la garganta donde está el nudo. En realidad, la que está retorcida sobre sí misma dentro de la boca es la lengua.

![AEPAE- El acoso escolar en la edad adulta" title="AEPAE- El acoso escolar en la edad adulta" width="600" height="400" srcset="https://aepae.convoluntad.es/wp-content/uploads/2025/06/AEPAE_Acoso-escolar_edad-adulta.jpg 600w, https://aepae.convoluntad.es/wp-content/uploads/2025/06/AEPAE_Acoso-escolar_edad-adulta-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 600px, 100vw" class="wp-image-11130" fetchpriority="high" />Te invito a que te fijes bien la próxima vez que te pase: la lengua es un músculo que cuando acumula tensión se eleva haciendo cierta presión sobre el paladar superior. Tal vez como me pasa a mí, también te des cuenta, de que la punta se dobla hacia atrás empujando contra los dientes de arriba. Y entonces sabrás que no hay ningún nudo en tu garganta porque, aunque la base de tu lengua suba acercándose hacia la orofaringe, el aire sigue fluyendo con normalidad, entrando en las fosas nasales por la rinofaringe, pasando por la laringe y la tráquea hasta los pulmones.

De todo esto me di cuenta hace unos meses cuando, después de quedar con unos amigos, volvía a mi casa caminando por la calle. **Decidí quitar el foco de atención en mi mente, en esa voz interior que desde hacía ya un buen rato me venía diciendo lo mal que yo les caía a las personas con las que acababa de estar. Que había hablado de más, que les había aburrido, que les parecía tonta y que estaban conmigo por pena.** Decidí entonces dejar de escuchar esa voz que me acompaña desde hace tantos años y empezar a escuchar a mi cuerpo. Sentí los hombros encogidos de la tensión, un pinchazo en el estómago y esa falta de aire. Pero entonces lo vi claro: por mucho que en mi mente surja el miedo a que la garganta termine de cerrarse del todo, mi cuerpo seguirá respirando por sí mismo.

Sin embargo, ¿por qué se acumula toda esa tensión justamente en la lengua? Esta pregunta se la hicieron antes que yo otras muchas personas y ahí va la clave: **cuando necesitamos decir algo, pero decidimos frenarnos y no hacerlo, ese impulso, esas potenciales palabras se quedan en la lengua. Y la fuerza vital que íbamos a emplear en expresarnos se acumula en ella en forma de tensión muscular.**

¡Cuántas veces hemos necesitado hablar, expresar y compartir nuestras necesidades y pedir ayuda… y no lo hemos hecho! **En mi caso, cuando tenía nueve años empecé a sufrir acoso escolar. Aún hoy recuerdo esos insultos, esos empujones, cuando me tiraban cosas a la cara, cuando me cogían del cuello, todas esas veces que me aislaron…** Pienso en esas tardes tirada en el sofá con un doloroso pinchazo en el pecho y en todas esas veces que vomité en los baños del colegio. Y aún hoy al recordarlo surgen en mí las lágrimas, la impotencia y la sensación de vulnerabilidad. Mis padres fueron varias veces a hablar con los maestros, el jefe de estudios y el director del centro, pero nunca nadie hizo nada por frenar la situación. En lugar de eso me tuve que ir yo del colegio después de cinco años de sufrimiento constante. Con trece años me mudé y pensé que ya estaría todo acabado. Pero la realidad es que **he pasado toda mi adolescencia con el sentimiento de culpabilidad**.
