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title: "El miedo como asesino vital"
url: https://aepae.convoluntad.es/el-miedo-como-asesino-vital
date: 2020-11-09
modified: 2026-09-08
author: "AEPAE_es"
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tags: ["AEPAE", "confianza", "miedo", "pandemia", "pereza", "superación"]
type: post
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# El miedo como asesino vital

### Como presidente de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar y de la [Federación Mundial de Yawara-Jitsu](https://defensa-personal.org/), he percibido la importancia de saber gestionar el miedo y de hacer de este un aliado y no un enemigo. El miedo es una oportunidad de crecer y de sobreponernos a las adversidades. Que el miedo no nos paralice. Que le miremos cara a cara y le digamos: “somos aliados, me das fuerza y me sacas de mi zona de confort, pero yo soy más fuerte que tú y puedo contigo”.

[![AEPAE - Artículo - El miedo como asesino vital" title="AEPAE - Artículo - El miedo como asesino vital" fetchpriority="high" />](https://aepae.convoluntad.es/wp-content/uploads/2020/11/MiedoAsesinoVital-Hangar.jpg)Hace unas semanas una persona muy especial me hizo un regalo muy especial: un salto en paracaídas. Mi primer pensamiento fue “Guau que increíble regalo” … el segundo pensamiento fue: “Uf que miedo”. Mi mente se trasladó al futuro, anticipando las sensaciones y emociones que podría sentir en una experiencia vital intensísima y, al mismo tiempo, desconocida. La actitud ante esta rumiación cerebral podía manifestarse de dos maneras: **aceptar el regalo y vivir la experiencia, o no atreverme y permanecer en mi zona de confort**. Desde el primer momento tuve claro que iba a saltar en paracaídas y que iba a ser una experiencia inolvidable, que además me serviría para mi autoconocimiento y crecimiento personal.

Llegó el día del salto y aun manteniendo la calma, la excitación por vivir una experiencia tan impactante, generaba un pequeño cosquilleo en mi estómago. Una reminiscencia reptiliana del posible peligro de muerte si el paracaídas no se abría, que mi cerebro racional depositaba sobre mi cerebro emocional. Llegan los preparativos y el vestirse con el traje y el equipo adecuado. Conocer a nuestro compañero con el que saltaremos y que se responsabilizará de nosotros y de que el salto llegue a buen puerto o mejor dicho a tierra firme. Montamos en el avión, vamos ascendiendo y ya está el cerebro racional intimidando al emocional: “que alto vamos, cuanto más subamos de más arriba saltaremos, que vértigo…”. Llega el momento de saltar y nos colocamos en la puerta lateral ya abierta del avión. Sentimos el aire cortante y veloz en nuestras caras. Una caída al abismo. Y saltamos, concentrado en colocar el cuerpo en la posición de equilibrio que nos han enseñado previamente. La adrenalina por las nubes, nunca mejor dicho y el cuerpo en situación de supervivencia. El cerebro racional intentando controlar al emocional para dejar de percibir el salto como un peligro de muerte. Y lo voy consiguiendo. Destensar el cuerpo, abrir los brazos y doblar las piernas hacia atrás. Y la respiración, agitada, ya estaba siendo controlada por mi diafragma, que estaba ralentizando el ritmo respiratorio. Ya estaba comenzando a dejarme llevar, disfrutando de la caída. **Me sentí pequeño ante la inmensidad de la tierra. Vulnerable y frágil, pero al mismo tiempo más vivo que nunca**. Tomamos tierra sin dificultad, con los ojos húmedos por la emoción, pero alegre y contento ante la sensación de poder enfrentar cualquier reto. Esta experiencia es toda una parábola de lo que es enfrentarse al miedo.

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