---
title: "Cuento: «Tú no puedes jugar: eres un minusválido»"
description: "Claudio sufría una malformación congénita en el fémur. Había pasado por varias operaciones y, aunque aparentemente sus piernas parecían homogéneas, tenía una ligera asimetría."
url: https://aepae.convoluntad.es/cuento-no-puedes-jugar-eres-minusvalido
date: 2024-02-27
modified: 2026-09-08
author: "AEPAE_es"
image: https://aepae.convoluntad.es/wp-content/uploads/2024/02/AEPAE_Acoso-escolar-cuento-no-puedes-jugar-eres-minusvalido.jpg
categories: ["Artículo"]
tags: ["adolescentes", "asertividad", "confianza", "coraje", "cuento", "discapacidad", "fuerza", "juego", "respeto"]
type: post
lang: es
---

# Cuento: «Tú no puedes jugar: eres un minusválido»

### Este pequeño cuento aparece en el libro "El acoso escolar mata", escrito por el presidente de AEPAE, Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva. Está relacionado con el capítulo dedicado a la fuerza interior​.

![AEPAE - Cuento sobre la fuerza interior: «Tú no puedes jugar: eres un minusválido»](https://aepae.convoluntad.es/wp-content/uploads/2024/02/AEPAE_Acoso-escolar-cuento-no-puedes-jugar-eres-minusvalido.jpg)Claudio sufría una malformación congénita en el fémur. Había pasado por varias operaciones y, aunque aparentemente sus piernas parecían homogéneas, tenía una ligera asimetría. Aun así, **destacaba por una gran capacidad de superación y procuraba realizar todas las actividades del día con normalidad**. Cuando andaba apenas se le notaba una leve cojera, pero al correr era evidente que tenía un importante problema de motricidad.

Por esos milagros de la naturaleza o de la justicia poética, había desarrollado como compensación una maravillosa habilidad artística y matemática. **Sus profesores estaban maravillados con estas capacidades, que apuntaban a hacer algo muy grande en su vida de adulto.**

Claudio tenía una relación especial con las chicas de su clase y con las mujeres en general. Su simpatía, su naturalidad y su extraordinaria sensibilidad le habían otorgado un lugar privilegiado dentro del universo femenino, lo que **despertaba las envidias de algunos compañeros, que se burlaban de él** y lo llamaban *marica*, *nenaza* y otros insultos más propios de adultos que de preadolescentes.

Claudio asistía a fisioterapia diariamente y su dificultad motriz estaba mejorando considerablemente. Un día, en la clase de gimnasia, tocaba deporte libre y mis compañeros y yo -como de costumbre- pedimos un balón para jugar un partido de fútbol. Comenzamos a hacer los equipos; como siempre, Sergio y Adrián ejercían de capitanes de ambos equipos. Iban escogiendo cada uno de forma alternativa a los componentes de sus respectivas plantillas, hasta que ya solo quedaba Claudio. Sergio, mirándole con media sonrisa y cierto desprecio le dijo:

> —Tú no juegas, que eres minusválido.

Claudio, que era muy valiente y no se callaba ante las injusticias, respondió:

> —Tengo el mismo derecho a jugar que tú, pero no voy a jugar en tu equipo porque no tienes ningún respeto por los demás. Voy a jugar en el otro equipo, así que apañáoslas como queráis, que yo juego.

**Ante esa muestra de confianza, coraje y asertividad, todos sus compañeros callaron** y aceptaron que jugase en el otro equipo. El partido fue bien y Claudio -situado en la defensa- no hizo un mal partido. Se cayó al suelo un par de veces por el ímpetu que ponía en cada lance. Quería demostrarles a todos que él podía hacerlo como los demás: exigía respeto.

Por esas casualidades de la vida, en la clase de dibujo, Sergio se sentó con Claudio y conmigo. Yo me llevaba muy bien con Claudio, porque era una de esas personas que podían marcar la diferencia y construir un mundo mejor. El profesor estaba explicando la perspectiva caballera y al finalizar nos pidió como ejercicio que dibujásemos la calle de una ciudad cualquiera. Tras unos minutos, Sergio no paraba de borrar con la goma y resoplar con una actitud de impotencia. Miró a Claudio y le dijo:

> —Tío, ayúdame, que no me entero.

Claudio le miró y le dijo:

> —Claro que te voy a ayudar, pero ¿Cómo te sentirías si te dijese que no dibujes porque eres bobo?

Sergio le miró sorprendido, sin saber qué decir.

Claudio continuo diciendo:

> — Pues eso es lo que tú me hiciste el otro día al decirme que no jugaba al fútbol porque era minusválido. Todos tenemos nuestros defectos y nuestras virtudes y eso hay que respetarlo y procurar no hacer daño a los demás, porque las palabras duelen, a veces, como puñetazos. Ahora acércate que te voy a explicar cómo se hace, que seguro que vas a conseguir hacerlo bien, tío —le dijo con una sonrisa.

**Me sorprendió que Sergio me comentara dos semanas más tarde que a la persona que más admiraba de la clase era Claudio.**

**Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva**
** Presidente de [AEPAE](https://aepae.convoluntad.es/aepae)**
